Uriona pidió por “Toda vida, la paz y la amistad social”

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HOMILÍA DE MONS. ADOLFO URIONA FDP EN EL TE DEUM DEL 9 DE JULIO DE 2018

La declaración de la Independencia Nacional que celebramos en este día fue un acto soberano y colectivo, el cual proclamó la existencia de una nueva nación, libre e independiente.

Por eso nos reunimos para orar agradeciendo a Dios por el don de esta nación que nos cobija, cumpliendo así una tradición que se remonta desde los orígenes de la misma.

Rezamos para ello el Te Deum, que es un antiguo himno de la Iglesia, un himno de Acción de Gracias que acompañó a nuestros próceres que se atrevieron, en circunstancias oscuras y frágiles, a declarar la independencia y a cantarlo después.

La Patria significa la herencia recibida de los antepasados, se trata de la herencia cultural, de las tradiciones, de las costumbres. La Nación Argentina desde sus orígenes, quiérase o no, estuvo impregnada de principios y sentimientos cristianos dando lugar a un estilo de vida inspirados, con sus luces y sombras en los avatares de su historia, en ideales de justicia, de fraternidad y de paz.

Por ello afirmamos que el alma de nuestra patria es cristiana; tan cristiana como argentina. Y esa alma es la que estamos llamados a conservar y promover a fin de ser fieles a nuestra identidad.

Convencidos de que el Padre Dios ha revelado sus designios en la persona de su Hijo a los simples y pequeños, queremos profundizar los valores que Jesucristo nos anuncia en su Evangelio.

Hoy quisiera destacar dos de ellos que hemos de cultivar en estos momentos históricos que transitamos en la Argentina: el valor de la vida y el valor de la paz social.

Por lo experimentado en los últimos meses nos causa gran preocupación la fuerte tendencia a no tener en cuenta la vida indefensa que se va gestando en el seno materno y la promoción, desde poderosos medios internos y externos, de una legislación que busca facilitar su eliminación en determinadas pero amplias circunstancias.

Como argentinos queremos seguir apostando por ese gran regalo de Dios que es la vida; la vida en toda circunstancia, desde la concepción hasta la muerte natural. Con la convicción de que “toda vida vale” y que debemos cuidar como sociedad la que se encuentra en riesgo o en situación de vulnerabilidad.

Unimos nuestra oración a fin de que el Señor disponga la mente y los corazones de quienes tienen que decidir en este delicado asunto, a fin de que tomen conciencia de la importancia de su función representativa a la hora de decidir mediante su voto.

Un segundo valor que destaco y que concierne a todos los ciudadanos es fomentar, cada uno desde su lugar, “la paz y la amistad social”.

Los que seguimos a Jesús, nos guían las palabras que pronunció en el Sermón del Monte: “Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” .
Y en la Última Cena, la noche de las despedidas previa a la entrega de su vida en la Cruz por amor, les deja a sus discípulos el don de la paz.

La palabra siempre iluminadora del papa Francisco nos enseña: “Los pacíficos son fuente de paz, construyen paz y amistad social.

No es fácil construir la paz que no excluye a nadie, sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas, a los que reclaman atención, a los que son diferentes, a quienes están muy golpeados por la vida, a los que tienen otros intereses. Es duro y requiere una gran amplitud de mente y de corazón, ya que no se trata de “un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz”, ni de un proyecto “de unos pocos para unos pocos”.

Tampoco se trata de ignorar o disimular los conflictos, sino aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo camino. Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza”…

San Pablo invita a los cristianos de Éfeso a trabajar por una convivencia pacífica diciéndoles:

“Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo”
La paz se basa en el descubrimiento del otro como un hermano, aún aquel que es diferente a mí o que no piensa como yo… Necesitamos forjar en la Argentina esa paz social, ser capaces de construir puentes que nos unan y no promover grietas que nos separen.

También hoy le pedimos a Dios en el aniversario de nuestra independencia, el don de la paz y la capacidad de construir en lo cotidiano la amistad social.

Lo hacemos a través de la Inmaculada Concepción, patrona de la ciudad y de la diócesis, que acompañó el caminar de los riocuartenses desde sus inicios.




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